Entrevista al obispo Neftalí Aravena
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Obispo Neftalí Aravena Brave, Iglesia Metodista de Chile.
Foto UMNS por Humberto Casanova.
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Por Humberto Casanova
May 2, 2008 | FORT WORTH, Texas (UMNS)
Neftalí Aravena Bravo es el obispo de la Iglesia Metodista de Chile. Está presente en esta Conferencia General como uno de los invitados especiales de Latino América.
El obispo Aravena ha tenido un amplio ministerio en Chile, y aquí nos cuenta sólo algunas de las tareas que le ha tocado realizar en este país del sur.
Chile es un país profundamente católico, en el cual el catolicismo tuvo desde los comienzos de la república un papel monopólico dentro de la sociedad chilena. Pero con la vuelta a la democracia, después de la dictadura militar, Aravena dice “hemos estado en una fuerte lucha para que haya igualdad para todas la minorías, entre ellas la religiosa”.
Ayudó que en las últimas décadas las iglesias protestantes han logrado capturar al 15.3% de la población. “Hemos luchado por una ley de igualdad religiosa”, afirma, “y hemos conseguido que se aprueba esa ley. Ahora todas las iglesias evangélicas pueden pasar a ser entidades públicas. Anteriormente sólo eran entidades privadas cuya personalidad jurídica podía ser caducada en cualquier momento”.
En la Casa Presidencial, llamada “la Moneda”, siempre hubo un capellán católico. Pero con la nueva ley, el presidente Ricardo Lagos nombró un capellán protestante en 1998. Aravena actuó como capella 6 años con el presidente Lagos y 2 años con la presidenta Michelle Bachelet.
El capellán católico recibió a Aravena como a un enemigo que llegaba a invadir su territorio. “Una de las primeras cosas que me dijo fue que no podía usar la capilla”, recuerda Aravena de la Moneda. “Y me dijo que tenía que buscar algún otro lugar para realizar mis liturgias. Pero yo no tenía intenciones de usar otro lugar. Así que, para la primera liturgia que hice invité a los periodistas de todos los medios de comunicación que trabajan en la Moneda. Y cuando llega el cura para enfrentarme, se da cuenta de la presencia de la prensa. Entonces me saludó muy amablemente y me dijo que se alegraba que yo hiciera esta liturgia. Así se terminó la pelea”.
Como parte de su trabajo de capellán, Aravena atendía pastoralmente al personal de la casa de gobierno. Un caso particularmente dramático fue ayuda a una oficial de la guardia que quería suicidarse. “Aunque no era evangélica fue verme a mi oficina”, dice Aravena. “Conversamos un buen rato y oramos. Entonces desistió de suicidarse. Pronto se le solucionaron sus problemas y se convirtió en una asidua participante de las liturgias que dirigía”.
Los ministros de estado también buscaron su consejo pastoral en forma privada. “Era un trabajo medio asolapado el que yo hacía, porque nadie quería que se supiera que venían a verme”, es como cuando la gente no quiere que se sepa que fueron a ver al psiquiatra.
El obispo Aravena nos deja unas palabras finales para la Conferencia General: “Como iglesia tenemos elementos para hablarle a la sociedad…Si uno se atreviera a hablar mucho más, yo creo que la sociedad sería distinta …La sociedad está esperando… que tengamos voz, que seamos profetas, que denunciemos las injusticias, denunciemos los pecados, y nosotros no lo hacemos… La iglesia debiera jugar un rol mucho más preponderante dentro de la sociedad”.
En la consulta que se llevó a cabo en Panamá, recuerda Aravena, los líderes de las iglesia latinoamericanas le dijeron a los líderes de la Iglesia Metodista Unida “que no puede ser que no se alce la voz frente a la guerra en Irak; no puede ser que la iglesia no alce la voz frente a la contaminación que este país [de los Estados Unidos] está causando; no puede ser que nosotros miremos el hambre desde lejos y no nos comprometamos. Yo creo que la iglesia tiene una voz y tiene mucho que decir”.
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